Trabajamos en desarrollo móvil desde 2009, la generación del iPhone 3GS, y distribuimos aplicaciones propias desde 2016. El punto de partida fue lo que el iPhone hizo posible: un dispositivo potente que cabe en una mano, conectado a la red, capaz de llevar un servicio a cualquier lugar del mundo.
Lo que construimos vuelve a nosotros como datos de uso. La tecnología y la UI/UX se evalúan de forma continua en el entorno real, y distribuir nuestras propias aplicaciones aporta una escala de validación que los proyectos individuales rara vez ofrecen. Lo aprendido allí se traslada también al diseño fuera del ámbito móvil.
En 2016 comparamos Xamarin, Cordova y React Native a nivel de implementación, y evaluamos Flutter desde su publicación. Hoy nuestra vía principal es la implementación nativa en Swift y Kotlin, con SwiftUI en producción desde la generación de iOS 15.
Escribir cerca del sistema operativo y del hardware permite ajustar la velocidad medida y la percibida en el renderizado y la cámara, y usar nuevas funciones del sistema o bibliotecas C/C++ sin esperar a una capa de abstracción. Las aplicaciones de larga vida también quedan al margen de los cambios rupturistas de los frameworks.